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Nacer

marzo 20, 2012

 

Para Alla

Dicen los carnés de identidad que uno nace en un municipio; tu familia te dice que viste la luz en un hospital materno; y uno, como no se acuerda, empieza por creerlo hasta que encontrándose con la vida se da cuenta de que uno nace muchas veces, en muchas circunstancias diversas y de modos más ricos y raros que un parto normal o una cesárea. Una vez, sentado en un parque de la calle Paseo, alguien con mucha poesía me representó el nacer como “ese momento de encontrar el aire”, y creo que esa forma de verlo se me acomoda en los términos en que necesito ahora mismo, del modo en que necesito entender cómo los retos de la vida te hacen transitar de un estado a otro, te hacen superarte. Creo que he vuelto a nacer muchas veces en el último día. Acabo de posar mis manos en la muerte: una de mis tías –son 7 por línea materna, y cuál de las 7 es más especial, loca, y simpática. Esa tía era la que, en Güines, me llevaba en la escuela primaria las meriendas a las 10 de la mañana para que me comiera el disco de queso caliente y el juguito frío. Después me recogía para no tener que almorzar en el seminternado. Cosas de viejos que nos niños agradecemos y vemos natural antes de crecer un poquito, cuando empezamos a sentir vergüenza de tanto mimo de primera clase. Esa tía, Alla, no tuvo hijos, y aunque era más sosa que un salero vacío, la verdad es que desde su silencio y su Parkinson de 25 años, dispuso su tiempo para mí, y yo fui su Principito. Tuve que ver, ya creciendo, cómo se iba gastando, hasta que el último año, ya en cama y atendida por otra tía de 86 y mi madre de 77. Tuve que ver cómo se quedó en los huesos, comida por la muerte desde la piel aún con vida. Murió hace dos días, y tuve que hacerme cargo del rito funerario incluidos algunos detalles del mal trabajo de los empleados de esta cadena que me hicieron vivir esta experiencia el doble de difícil. Lo cuento para que quede, lo cuento porque necesito hacerlo.

 I. El cuerpo intacto

En un principio, la morgue del hospital de Güines. Si ya el hospital parece en sí una estática milagrosa, imagínense el reservado para los que parten: olores fatales, condiciones mínimas, privacidad cero. Después de esperar en un pasillo a que “prepararan” a mi tía: la patóloga sale delante de mí con una bolsa de nylon trasparentando los órganos extraídos de Alla y dejándolos en un depósito de desechos sólidos. Es increíble, después de tanto cuidarse uno el corazón, donde puede terminar. Por si fuera poco, mientras esa señora hacía eso con la naturalidad del mundo, se quitaba los guantes para encenderse un cigarro, ¿sin percatarse? de la puerta de la morgue estaba abierta y me dejaba a la vista lo único que realmente le dejamos a la vida cuando nos vamos: un cuerpo desnudo, bocarriba, cocido del ombligo hacia abajo. Allí estaba Alla, mínima, llena de goticas de agua sin calentar, recién lavada, encorbadita por la rigidez de tanto tiempo, con sus pies ladeados y sobre todo con los cráteres negros que dejan esos espacios inhumanos que se llaman escaras. Es una imagen que nunca olvidaré, y fue por descuido que la vi, porque uno nunca debería pasar por eso. Evítelo.

II. Viaje de vuelta

Según las rutinas sanitarias provinciales, se me informa que no puedo llevar a Alla a Unión de Reyes directo, en la provincia de Matanzas, a 77 kilómetros de Güines, porque antes, había que llevarla a una nevera en Bejucal –en sentido contrario, al oeste de la isla y ahora en otra provincia, Artemisa, para dejarla dos horas en refrigeración, para después que viniera un carro fúnebre de Madruga, en la provincia de Mayabeque, y recogiera el cuerpo en Bejucal, y lo llevara a Unión de Reyes. ¿Me siguen?, repito: Güines-Bejucal-Madruga-Unión de Reyes. Con sólidos argumentos –dentro de los cuales estuvo que era un malgasto de combustible en estos momentos difíciles de crisis internacional del precio del crudo y de la necesidad revolucionaria del ahorro- negocié con la patóloga, y sobre todo con su superior al teléfono, para lograr no refrigerar a mi tía –otro gasto de energía- con el compromiso de que la enterraríamos en la mañana. Así fue, y la verdad me sorprendió la celeridad con que llegó el carro de Madruga y llegó antes que yo a Matanzas, donde la esperaba mi familia, en una nave también en estática milagrosa, donde no había custodio ni responsables. Por suerte, el infierno que la película cubana Guantanamera retrata no tuve que vivirlo en carne propia.

 III. Antes de partir

Después de todo eso de la morgue y antes de partir llevaron el cadáver a la funeraria de Güines, donde tuve/quise, como único familiar que estaba que estaba, vestir a mi tía, que había llegado en una mortaja. No quería que ni mi otra tía, Mima, ni mi madre, Mami, tuvieran que asumir esa tarea, ya bastante le hicieron en vida. Por primera vez me enfrenté a la muerte de alguien tuyo, y se sigue sintiendo tuyo aunque la rigidez y la temperatura lleguen a sus máximos y mínimos. Me tocó vestir a mi tía con su vestidito, su blumito nuevo, y peinarla con un peine que me facilitaron en la funeraria porque yo no me peino, y no se nos ocurrió pensar en el detalle. Alla era muy presumida y quería que se viera –si fuera posible- lo más decente posible. En medio de toda esa experiencia, mi tía abre los ojos, como las muñecas aquellas cuando se mueven. Me comentan que fue que hicieron un mal trabajo en la morgue y que habría que cerrárselos: ¿pero cómo, cocerlos?, se imaginarán mi cara. “No, mira, ejfacil, tucoge doj papelitos, y le levanta el párpado pa´que no se mueva y ya. Lo hacemo siempre, esagente trabaja mal a esta hora”. Lo hice y funcionó a medias porque Alla terminó en Unión –horas después- con un vistazo entreabierto en su ojo derecho. Para ser el primer intento….

 IV. El año es 2012 no 12.

Cuando llegó el carro fúnebre desde Madruga su chofer recibe en certificado y dice que no pude recibir ni transportar el cadáver porque la fecha de muerte dice: 18.03.12 en vez de 18.03.2012, y que en Matanzas no lo recibirían así. No a quién se refería porque ciertamente en Matanzas los únicos que recibieron el cadáver fueron los tíos y primos y no creo que nadie devolviera el envío por imprecisiones numéricas. Aquello siguió con mi argumentación de que así también se aceptaba, y él que no. Resumen, cogí una pluma y después de ensayar tres o cuatro veces la caligrafía del certificado, y gracias al funcionario de la funeraria, que tenía una pluma azul del color de la del certificado, le puse los dígitos encima, y mandé el carro con el discurso revolucionario de “compañero, estos son momentos de soluciones”. Eso no falla.

V. Unión

Algún día escribiré de Unión de Reyes, Matanzas, donde nació mi familia materna y donde me escapaba como si fuera Ibiza todos los veranos para buscar el calor y el mimo de tooooooda mi familia. La casa de mis abuelos, el lugar de residencia de ese clan de los Oliva, que parecen los Buendía pero con más historias. Volver a mi infancia después de 12 años sin ir, volver a las calles de un pueblito matancero lleno de mi infancia y mi adolescencia y volver a sentir todo con imágenes más frescas que otras, con otras conservadas en el tiempo en forma de mito y de carencia. Lo que es volver y punto.

VI. Los euros y los cojones para las ocasiones

Después de tantos movimientos que omito, logramos llegar a Unión y que el funeral transcurriera como cualquier otro hasta que, en la mañana, teníamos que esperar a la compañera de la funeraria, que era de otro municipio para que aprobara la exhumación de otro de mis tíos políticos preferidos, que había muerto hacia cinco años, para poder enterrar a mi tía en el panteón familiar –que hizo mi familia para mis abuelos y que tiene el osario más grande de todo el cementerio, considerando la perspectiva de 10 hermanos, 26 primos y sus descendientes. Nadie había pensado entonces quién sacaría a mi tío Jesús, y sus hijas dijeron que no tendrían valor, sus nietos tampoco, y ya, habituado a la andadura con la muerte, dije qué más da otro de sus estados, y di el paso al frente, confiando en que no haría un espectáculo yo, que soy de vómito fácil. Contrario a mis temores, limpie con la ayuda de otra prima y de un guante que compartimos, hueso por hueso del esqueleto de mi tío –un oficial de la seguridad del Estado que le decían en Unión de Reyes el hombre de Maisinicú por sus proezas en los primeros años de la Revolución atajando sabotajes. Era un tipo duro, y tanto que lo era, que conservaba sus dientes sin caries ni obturaciones e intactos. Me dio envidia, la verdad.

VII. Mientras…

Mi madre y yo padecemos de una rara complicidad práctica como pocas he visto en esas relaciones. Mi madre detesta Unión de Reyes con la misma fuerza que yo detesto Güines. No sé si lo mío será herencia, pero de cualquier modo, y sabiendo lo cansada que estaba del proceso de mi tía, le dije en Güines que por qué no se quedaba cuidando la casa, y así, descansaba y no estaba la mala noche del velorio –que ella detesta para sí misma como espectáculo. Accedió sin yo saber que ya cocinaba un plan que descubrí la mañana siguiente cuando me contó que no había dormido y que, a esa hora, 11 de la noche, se dedicó a hacer limpieza general de la casa donde murió mi tía, y a lavar, hervir, y recogerlo todo. Fue su manera de velar, fue su manera de enterrar en la práctica. No durmió en todo el día ni en la noche. Y lo hizo a su forma. En fin: aceite de Oliva, extravirgen!

VIII. Siguiente…..

Después de todo el entierro, y estar un rato con las tías, mis primos de Matanzas y la de La Habana, seguimos a la Atenas de Cuba a ver a mi otra tía, Curra, solterona y jodedora como ella sola, que también en cama, llevaba 12 años sin verla. Quise despedirme en vida porque sé que esa tía que me llevaba a su laboratorio clínico y le daba de comer a mi curiosidad de “sabiondo” infantil, y me recibía todos los veranos, tampoco da para mucho más. Mi tía –por probabilidades- sería la siguiente… y fue también un reencuentro duro con la próxima víctima.

 IX. ¿Volver a empezar?

Ya de cierre del día, como si hubiese sido poco, cuando llego a La Habana, me da por llamar a mi madre, y me sale mi padre –de nuevo conservado en alcohol, cabreado porque mi madre se había ido al hospital porque una de sus mejores amigas. Migdalia, se había caído ayer y se había fracturado la cadera y un brazo. Yo, que durante todo el día no había echado una lágrima en función de las cosas prácticas a resolver, me derrumbé de pensar nada más en mi madre que, sin dormir, y sin haber procesado aún el hecho de la muerte de su hermana, tendría que enfrentarse a otro proceso de desgaste humano. Y lo digo así porque no se trata solamente de que la amiga de mi madre sea solterona y sin hijos, e hija única, sino, porque para mi madre, sus amigas son como sus hermanas. Eso mi padre no lo entiende mucho, más centrado en sí mismo como anda, y sin los amigos entrañables que mi madre y yo tenemos. Yo sí entendí que mi madre no vacilara, que mi madre estuviera a esas horas en el hospital. Pero lo terminé por entender después de llorar la impotencia, de cagarme en Dios por sus algoritmos de la fortuna, en caso como dicen, de que sea Él quien tenga que ver con eso, y después de hacerlo entendí que si algo me inspiraba a mí en la vida en la relación con mis amigos, era el modelo de incondicionalidad de mi madre. Me imaginé si a alguno de los míos le pasaba algo qué podría exigirme mi madre –aún desde el amor- que yo hiciera o no. La respuesta fue obvia, y respeté su fortaleza, su bondad, y me cocí también con sus tres tazas de paloqueseaFidel con sus dos kilos de aquínoserindenadie. Me inspiró de una manera que me noqueó por 12 horas exactas durmiendo, pero también procesando y acomodando todas esas piezas de rompecabezas y rompecorazones, pero también de salvavidas y armaduras. Si nacer es un encuentro con el aire, ayer nací de tantos modos, con tantas emociones que el acelerador de partículas de mí mismo que viví no puede menos que hacerme un hombre más digno y orgulloso de mi familia y mis amigos, de mi madre en especial. Me obliga a pensar en la vida en general–aunque no la entienda a veces-, y sobre todo, en la vida en específico, o sea en esos momentos que muchas veces uno camina o corre como de paso, sin mirar para construir, sin pensarla como una oportunidad de renacimiento que devuelve todo el valor del primer día del respiro, aquel que no recordamos pero que o lo haces por ti, o viene alguien y te da una nalgada y respiras de todas formas. Y naces.

En la Habana, a 20 de marzo, un día antes del primavera de 2011

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3 comentarios
  1. marielys permalink

    Besos Lázaro, muy orgullosa de ti y de ser tu amiga…
    sigo procesando lo que escribiste…

  2. TODO lo que importa

  3. Silvia permalink

    Te lo regalo…me hubiera gustado escribirlo yo para ti:

    Oh vida*

    …la vida es muy complicada/Por eso es que le dirán vida,/¿no? Ernesto Mejía Sánchez

    Maestra vida, camará,/te da y te quita/y te quita y te da. Rubén Blades

    Que la vida no acorte el ritmo
    ni la elegancia de tu paso
    Que la vida no te borre el instantáneo
    esplendor de la sonrisa
    Que la vida no te quite la firmeza
    para mirar al enemigo
    Que la vida no te quite las ganas
    de darle un pellizco una mordida
    una nalgada
    a la vida

    Que la vida no te vaya a fosilizar
    el abrazo que les das a los amigos
    Que la vida no te cuartee demasiado
    la ternura
    Que la vida no te convenza para que dejes
    De llamar al pan pan y al vino vino
    ya tú sabes

    Que la vida no te tramite a su gusto
    el tiempo que te corresponde
    (sobre todo si es pésimo el gusto de la vida)
    y que la vida en general
    no te tramite

    Que la vida no te quite del todo
    la timidez que te protege
    Que la vida no encorve tu figura
    de tragaespadas de feria
    (Que la vida te jorobe sólo
    lo estrictamente necesario)
    Que la vida te permita vender tus versos
    pero sólo por amor por una tarde
    y bajo palabra de que te serán devueltos
    otra tarde y otro amor

    Que la vida no te dé esa mirada retorcida
    que parece haberle dado a aquel
    que está ahí nadando en su propia tinta
    (en la tinta de sus versos
    pobrecito)
    Que la vida no te deje caer en la tentación
    de no tener tentaciones
    Que la vida no te fragmente
    ni te parrafee
    ni te capitule

    Que la vida no te sople al oído las respuestas
    Que la vida no te pida
    que no le pongas mucho a la vida
    Que la vida no te deje escribir
    por ejemplo “se ofertan tales cosas”
    ni
    “en el ofertorio de tus caricias”
    porque ambas son barbaridades polares
    de la lengua
    Que la vida no te dé una lengua
    que puedas pisar
    (ni siquiera con esa “elegancia de tu paso”
    ya citada en la segunda línea)

    Que la vida te siga dando estas ganas
    de luchar por la vida
    Que la vida no te convierta
    en una computadora
    ni en una cassettera
    ni en una máquina de escribir
    (ni siquiera bajo promesa
    de que escribirías poemas impecables)
    Es más
    que la vida no te deje escribir
    poemas impecables

    Que la vida no te dé esa solemnidad
    de académico
    ni esa barbita de poeta respetable
    Que la vida no te deje ser un poeta
    a tontas y a locas
    Que la vida no te quiete tus virtudes
    por las que algunos te odian
    Que la vida te quite esos defectos
    por los que algunos te aman
    (o por lo menos te soportan)
    Que la vida no se vaya a confundir
    en las dos últimas peticiones
    porque sobrevendría un desastre
    de esos que ahora llaman ecológicos

    Que la vida no te dé la memoria
    del elefante
    para que no te acusen de autosuficiencia
    Que la vida no te dé el cuello
    de la jirafa
    para que nadie se queje
    de que lo has mirado desde arriba
    Que la vida no te dé la coloración
    cambiante del compañero camaleón
    a no ser cuando estés tendido
    con tu escuadra
    junto a los verdaderos compañeros
    bajo la aviación enemiga

    Que la vida no te haga vivir
    sólo de recuerdos
    Que la vida no te deje olvidar
    las miserias de otros tiempos
    Que la vida no te quite el orgullo
    de haber nacido pobre
    Que la vida te aleje
    de los pobres de espíritu
    porque de ellos será el reino de los cielos
    pero no este

    Que la vida no te sobrecoja
    salvo con los milagros cotidianos de la vida
    Que la vida no te sorprenda
    más de 24 veces por segundo
    Que la vida no suspenda
    el partido por lluvia
    Que la vida no te dé tregua

    Que la vida te dé otras noches
    tan claras y tranquilas como esta
    para escribir poemas
    donde le pidas cosas a la vida

    *Léase —o mejor, escúchese— este título en la voz de Benny Moré.

    Víctor Casaus (La Habana, 10 de marzo de 1944)

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