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Visas: algunas obstrucciones

febrero 10, 2012

A quien pueda interesar.

Ya lo sé. Probablemente mucha gente no conozca el significado de esta palabra: unos porque no salen del terruño; otros, porque no la necesitan. Ahora, para mí pensar en las visas siempre me da una doble tensión en “el simpático”: en principio, siempre anuncia la posibilidad de un encuentro con otro lugar –y un escape también al tedio de la cotidianidad, cualquiera que sea-; pero también se me anuncia como una carrera con obstáculos –a veces superables, a veces infranqueables. Y es que en temas de visas, la estupidez burocrática no sólo alcanza sus niveles tolerables, sino que, políticamente, lo sumen a uno en una suerte de encono estructural, donde se te sale todo lo de revolucionario, antimperialista y emancipador que puedes tener en la vida.

Que conste que este post lo coloco desde lo anecdótico, y tiene un punto de partida muy subjetivo: soy cubano y residente por elección en un país de este mundo con demasiada agua en sus contornos. Pero no solo es el agua la maldita circunstancia de la sensación de claustro.

[Primera obstrucción] ¿Sheremetyevo al azar?

Ahora me voy al Sheremetyevo, que es el aeropuerto de Moscú a donde llegará mi avión de Aeroflot. Si bien pudiera ser una oportunidad superinteresante visitar ese país tan constituyente de mi infancia precapitalista, lo cierto es que iré a carenar a Rusia luego de que, por diversas razones, las autoridades de Alemania, representadas por la Honorable Embajada de ese país en mi Habana querida, hayan decidido limitar mi visa a 4 días dentro del espacio Schegen, cuando voy a una importantísima conferencia [radius of art] por dos días. Cuenta alemana: un día para ir, otro para regresar, y dos de la conferencia y listo. Usted como cubano no tiene derecho a disfrutar de Berlín –aun pudiendo pagármelo y con un clima de menos 13 grados. Dos días más son imposibles porque en la carta de invitación no se consigna que los organizadores de la conferencia se lo pagan.

Según las autoridades, que me devolvieron los trámites luego de percatarse de mi tránsito era por Madrid y pretendía aprovechar 5 días, mi estancia en el viejo continente tendría que limitarse a los días que decía la carta. Y porque la carta de invitación no dice que tengo más de 20 amigos con casa que me esperarían gustos@s con carteles VIP en Barajas de sólo anunciar un reencuentro!

Esta primera obstrucción tiene que ver con un criterio económico que parte de un prejuicio de indefensión, a la vez, producido por el sistema  dominante que también me excluye de poder tener acceso al sistema bancario internacional, y poder demostrar ingresos, y disponer de pruebas fehacientes de que podría pagarme un café. No entran aquí, por supuesto, aquellos indicadores de la economía de los amigos, donde según se aprende en Cuba –que es donde lo aprendí, no está dicho nacionalistamente- el que te da lo que tiene, a compartir se queda!

[Segunda obstrucción] El absurdo burocrático de Schengen

Créanme que en esto de las visas muchas veces se me ha roto el coco –que no solamente el hígado- por tratar de encontrar razones lógicas para entender las decisiones –muchas veces personales y no necesariamente de políticas- de los funcionarios de embajadas.

En algún momento del 2007, luego de vivir tres meses en España –con una visa Schengen, por cierto- solicité otra visa para ir a Noruega. En ese momento, me había ganado una beca de viaje a un importante evento sobre cooperación para el desarrollo en relación con la pobreza infantil, y coincidió en que una “colega” –española por traspaso materno- y mi primo amor assoluto también fue invitada. Resumen de la historia, como diría mi hermano Jorge: ella se fue y yo no y la luna de miel, terminó de hiel. Argumento: yo podría ser un posible inmigrante a Noruega, pidiendo una visa de 3 días, luego de vivir tres meses en España. Si bien me parecen importantes las autoestimas de los pueblos, a veces estas se confunden con una ignorancia prospectiva, que termina expresando la xenofobia injustificada, como en este caso, que se trataba de un evento patrocinado por su propia Agencia de cooperación para el desarrollo.

[Tercera obstrucción] ¿Pura vida también para tod@s?

De los países del continente americano que he visitado (Argentina, Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Nicaragua, El Salvador, República Dominicana, Aruba, México y Canadá), creo que la visa más tortuosa de conseguir en mi experiencia es la de Costa Rica. El desgaste que uno sufre para conseguir una visa tica te deja sin ganas de volver. (Aclaro que esto se le pasa a uno rápido cuando piensa en toda la gente querida que lo trata a uno como si fuera un rey nada más poner los pies allá).

He hecho el proceso como 5 veces, incluso con pasaporte oficial que “facilita” su concesión, y ha sido una verdadera odisea, considerando lo restringida, limitada y arrogante que pueden ser las autoridades de ese país centroamericano. He tenido visa siempre. Ahora, con eso de tener la visa no se tiene todo, se necesita además una carta que tienes que presentar a uno de los cuerpos de Inmigración más desagradables del continente. Los funcionarios te hacen esperar de 20 a 30 minutos, para buscar la copia de esa carta que envía la Dirección de inmigración para sustentar la visa, como si ya no tuvieras una visa estampada. Mis idas a Costa Rica, entre congresos, talleres, y asesorías, también han sido para apoyar gratis al Ministerio de Cultura y Juventud de ese país en la formulación estratégica en políticas culturales. A pesar de ello, mi último paso por ese país –de tránsito y procedente de San Salvador- tuvo que ser dentro de los límites de la sala “para cubanos” del aeropuerto Juan Santamaría: dos bancos de cualquier sala de embarque, custodiado toda la noche por un oficial de la policía. TACA no se responsabiliza con el hecho de que todos los pasajeros menos los cubanos, puedan disfrutar de la compensación de hotel por el retraso o cancelación de sus vuelos. Te dan, después de mucho exigir, 200 dólares de compensa(n)ción para volver a “disfrutar” con la aerolínea. “Gracias por preferirnos. Pura vida”.

[Cuarta obstrucción] American express(ion).

No podía faltar en este recuento de las visas, la de Estados Unidos, que me fue denegada en 2006, cuando gané en un concurso internacional una beca para ir de profesor invitado a Smithonian Institution. El argumento, en aquellos tiempos de la ceguera de Bush: no le catalogamos como terrorista –lo cual me han explicado que tengo que agradecer-, sino que como no podía cobrar el monto de la beca necesario para vivir esos tres meses en Washington, no me tendrían la delicadeza de permitirme al acceso al territorio nacional. Resumen: 100 dólares perdidos y todo el papeleo de la burocracia cubana en estos temas que entonces y siempre han aprobado mis viajes de intercambio académico y cultural sin problemas. Ello no significa que sean, por cierto, ligeros y estén libres de pecado.

[Quinta obstrucción] ¿Salidas sin permiso?

El permiso de salida no es una visa, pero parece como si lo fuera. Sinceramente no he investigado sus orígenes, pero se trata de la habilitación que la Dirección de Inmigración y Extranjería cubana les otorga a sus ciudadanos –sean residentes o no- para poder salir del espacio nacional. Algunos dicen que su concepto es incluso, desde los tiempos pre-revolucionarios. Otros: que se debió a una medida coyuntural de los primeros años de la década del 60 para controlar el éxodo de profesionales de la salud. Lo cierto es que este es hoy uno de los temas más espinosos y esperados de resolver de la actual administración pública en su proyección estratégica. La supuesta Ley de Inmigración, anunciada por los voceros del rumor en no pocas ocasiones, supuestamente quitaría este paso burocrático y lucrativo (cuesta sobre los 170 dólares estadounidenses para los trámites personales) y daría el derecho ciudadano a los cubanos y cubanas de viajar, eso sí, si contáramos con los medios para hacerlo, incluidas, por supuesto, las visas que quedarían aún más restringidas posiblemente. Aunque nunca he experimentado la denegación de esta habilitación del pasaporte, lo cierto es que su consecución muchas veces genera no poco estrés, y sobre todo, una triste conciencia de límite, que recuerda mucho los tiempos de niño y adolescente cuando los padres tenían que darte permiso para salir y se abrogaban el derecho de decidir por ti. Creo que un acto consecuente sería su erradicación sin condiciones, como política de reforzamiento de los derechos ciudadanos para quienes vivimos y quienes no residen ya en la isla, pero que sigue siendo tan suya en la medida en que lo elijan y por el simple derecho de nacimiento.

Cooperación

Considero que un desafío que tiene Cuba es seguir fortaleciendo los mecanismos bilaterales de relaciones diplomáticas que lleven a erradicar las limitaciones que enfrentan sus ciudadanos en términos de visados en un clima de responsabilidad y respeto mutuo. Lo cual se inscribe en un contexto donde se deben mejorar las condiciones de vida y las oportunidades que se reconocen, incluso por el propio gobierno, como los detonantes de los éxodos. No digo, por supuesto que toda la responsabilidad de conseguir que las visas no sean las obstrucciones para el diálogo intercultural sea de Cuba, pero sí considero que como bien ha hecho con países como Rusia o Ecuador, de donde acabo de salir del Sheremetyevo sintiéndome un ciudadano del mundo, sea aplicada también a otros países y regiones.

De lo que estoy hablando es de reforzar la dignidad de los cubanos y cubanas, y de la responsabilidad que tiene también el Estado en su exigencia a otros países, y de su garantía ante sus ciudadanos. Aunque viajar posiblemente no sea la prioridad asequible de los cubanos –por toda la trama que implica-, sí es cierto que la sensación de apoyo estatal y la facilitación que daría cualquier paso de su gobierno por lograrlo se vería como el reconocimiento a un legítimo derecho de disfrutar de las elecciones libres en un contexto de igualdad de oportunidades, la base del desarrollo humano y sobre todo, de la libertad más allá de los adjetivos al uso.

Berlin, a 9 de febrero de 2012.

 

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