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Rumbo a peor en el reino de la crisis

enero 15, 2010

Confieso que no necesito vivir un escenario de gritos de muerte, de olor de muerte, de sabor de muerte para sentirme diminuto e impotente, para sentirme aterrado e inútil, para sentirme in situ. Confieso sin verlo, que el terremoto de Puerto Príncipe me ha paralizado, vuelto más incrédulo aún, desesperanzado y escéptico. Me siento como desgarrado. ¿Habrá manera de que el país, que no era país ya, sea país de nuevo? ¿Habrá forma de reinventar un escenario donde no esté la maldita circunstancia de la fatalidad por todas partes? Haití era ya el país más pobre de América latina y el Caribe. Haití es desde hace mucho un país cagado por la historia, un país donde la pobreza funciona como en ninguno, como una “estructura estructurada” que es también estructurante, y donde la situación de exclusión y la posibilidad de emprender la vida con esperanzas se repliega siempre por algo que llega, que no siempre es de la misma naturaleza, pero siempre llega.
La mala suerte se ensañó con Haití esta vez otra vez. Pero la mala saña lleva años rodeándola desde arriba para ver qué se puede comer entre las carroñas de un cadáver puesto a morir de muerte lenta, de siglos de muerte lenta. El mundo mismo no reacciona con la rapidez que se necesita ante una catástrofe como esta, tan entretenido como está con su “crisis”. Pienso en los matices que toma la palabra crisis en Haití. ¿Cómo explicarle al mundo que la crisis no es un estado circunstancial de la existencia? ¿Cómo explicar qué no es lo mismo estar en crisis, que vivir en crisis? Esta, vez, no obstante, la crisis se ha hecho más crítica, y como diría Samuel Beckett, va rumbo a peor, rumbo a “más peor”, si fuera posible en la escala de los males superar el rasero de Haití. Un terremoto así es ya una tortura de la casualidad. El efecto, sin embargo, de un terremoto así es obra de consecuencias históricas de este país “situadito” más allá de los márgenes de todo sentido del bienestar.
Quizás sea ese el precio del primer gesto de libertad de América con su retribución de despojo y asco, racismo y ajuste de cuentas. Una ciudad en ruinas si cupiera, miles de vidas en ruina, agujereadas al desangre por todas las carencias: la vital de la sobrevivencia concreta y la vital del sentido de seguir viviendo sin los muchos que les faltan entre los suyos, de los otros que siguen bajo los escombros, todavía susurrando gritos de auxilio como si bastaran las manos cansadas que hay para quitar las piedras y rescatar la vida. Que lo viva una persona sola es ya una injusticia, que lo vivan la mayoría de los haitianos hoy es una catástrofe que solo anuncia que vivir será, desde el martes cuando tembló en el Puerto del Príncipe, sobrevivir. Aún más cuando se pensaba que el límite de la sobrevida tenía aires de familiaridad para esta gente.
Rumbo a peor irá Haití en el reino de este mundo, del cual no forma parte, del cual definitivamente ha sido condenado a no estar mientras sigue en esa cuerda floja en que se ha acostumbrado a estar mientras el mundo la mira con asombro y caridad mínima. ¿Cómo explicarle al mundo que la crisis no es un estado circunstancial de la existencia? ¿Cómo explicar qué no es lo mismo estar en crisis, que vivir en crisis? ¿Cómo superar la propia crisis para salvar Haití? Los presagios son de amputación y me da miedo que la vida siga igual para nosotros mientras la cuerda floja seguirá puesta como siempre, sin mallas protectoras, y vivir en Haití se vuelva aún más una opresión en el pecho, de esas que duelen y que nublan cualquier sentido de la palabra futuro porque el presente es en sí mismo una meta más que una esperanza. ¿Habrá manera de que el país, que no era país ya, sea país de nuevo?

La Habana, a 15 de enero de 2009.

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From → Locus

5 comentarios
  1. Esta desgracia nos tiene que hacer reflexionar a todos. ¿De qué sirve mirar para otro lado? Ahora nos preocupa mucho Haití, pero todos sabíamos de su pobreza.

  2. Ariadna Martín permalink

    Me libera el pecho, como si lo hubiera dicho yo, por mi propia opresión…

  3. Lorna Chacón permalink

    ¿Hay esperanza? ¿Hay manera de que ese país, que no era país, sea país de nuevo? La respuesta más simple para todos es pensar que NO. La respuesta del mundo organizado en un sistema en decadencia e injusto es NO.
    Sin embargo, yo creo que existe otra respuesta, pero esa respuesta está dentro de cada uno de nosotros.
    Creo que como un ejercicio de introspección individual deberíamos estarnos preguntando, ¿qué hemos hecho desde cada una de nuestras crisis individuales para cambiar las cosas?
    Si todos hubiéramos hecho algo, cualquier cosa, quizás habría más esperanza…Quizás la respuesta no sería la misma.
    Pero, si seguimos únicamente viendo nuestras crisis individuales, no tendremos la luz necesaria para ver esas respuestas individuales que podrían llegar construir soluciones colectivas.
    Yo no tengo las respuestas a tus preguntas Lázaro pero, al menos, voy intentar buscarlas dentro de mi corazón!!
    Gracias por tu maravilloso comentario!

  4. concluya el blog. siga escribiendo. bien vale, ya sea por el calamitoso haití o más adelante en favor de la cultura. si otras letras, aquí quedamos. nada, solo quería saludarle sinceramente

  5. En este momento me parece particularmente irónico el título de la novela de Carpentier, inspirada en su experiencia haitiana: El reino de este mundo.
    En Haití ya existía lo peor de nuestra civilización, y como dices, la realidad allí sólo irá hacia “más peor”.
    ¿A quién le puede interesar la suerte de millones de personas que hace tiempo salieron del círculo global del consumo, que no representan una ganancia económica para nadie? Liberados de la esclavitud hace dos siglos, hoy su independencia les sirve de nada.
    ¿Qué les queda? ¿Escapar? ¿A dónde? ¿Dominicana, Cuba, Estados Unidos?
    En un par de meses los periódicos y las televisoras se ocuparán de otra tragedia.

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