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Nochebuena

diciembre 25, 2009

Nochebuena

De niño, confieso que nunca conocí al niño Jesús más que de oídas. A villancicos y turrones los supe de grande ya. A Papá Noel o Santa no recuerdo haberle pedido nada nunca. Una vez, sí, me inventé un arbolito de Navidad con algodones y soldaditos porque vi que una prima devota a casi todo había puesto un “nacimiento” –palabra para fruncir ceños infantiles- debajo de un pinito. Entonces yo caído en algo que es muy dado entre nosotros, los cubanos, que es la novelería, esa práctica rompetedios que aparece en los mediodías y los domingos de la isla. Creo que mi desapego de la Navidad tiene que ver además de con la apatía de mis padres para las celebraciones, con el hecho de haber nacido en un país-satélite como el mío, donde los ritmos adoptan la formas particulares de lo anacrónico, y las fiestas se alargan y constriñen sin un específico contrato social. Por increíble que parezca, le debemos al Papa viajero, al carenar aquí, que Jesús fuera el único mártir con día feriado dedicado a su nacimiento en el listado de fechas no laborables en Cuba. Las otras son de gesta.
Ahora, a pesar de no recordar la Navidad con su sentido mágico-religioso, sí recuerdo la Nochebuena, pero reconozco que nunca la asocie a los dolores preparto de María. Hoy en esta “Navidad” me ha pasado algo inusual, y es que tengo la carencia de la fiesta, se pudiera decir, la necesidad de la familia. Sobre todo porque decidí quedarme solo en casa, comer espaguetis a la Bolognesa, y vivir el 24 de diciembre como un día sin un especial significado, como un día más, ya que mi familia no festeja, -y me he desprendido muy reciente de mi familia política que sigue siendo “mi” familia pero para otras circunstancias menos dadas a compartir ahora mismo. Pensaba que viviría este 24 como un día más. Eso pensaba que haría, pero eso no es lo que me pasa ahora, en este mismo momento.
Se desborda la fiesta familiar del 24 en mis oídos y muchos de mis vecinos biendisfrutan este momento que es la Nochebuena, como si presintieran que embarcarán con Noé al amanecer. En vez de desconectar de mi realidad con audífonos invasivos, la música me lleva a un tiempo inexplicable y enseguida me fugo a la tristeza y tomo consciencia de que no estoy de Nochebuena. Empiezo a recuperar recuerdos de niño de cuando me iba a casa de mi abuela paterna y había una pierna asada encima de la mesa y correteaba con mis primos, que murieron a destiempo, mientras el dominó y la familia existían en paralelo a los escondidos, el estatequieto y los agarrados. Hoy es la primera vez que viajo allí, a esos recuerdos, así, de golpe y eso que no he olido todavía la carne de cerdo, ni la yuca con mojo, ni el congrí calentico ni los buñuelos con almíbar.
Me descubro hoy como deben estar mis muertos que extraño: con la sensación de que se están perdiendo algo. Me prometo que esta será la última vez que pudiendo, renuncio a vivir la Nochebuena como si fuera eso, la mejor noche del año con gente de cercanía afectiva que la pasan como si conocieran el runrún de que Noé, al amanecer, dará la nueva del embarque inminente.

La Habana, en La Burbuja, a 24 de diciembre de 2009.

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