LA BURBUJA
LA BURBUJA
Llega a La Burbuja, incluso, antes de quitarse el polvo del camino y decide acurrucarse por un tiempo en ella. Mientras pueda y no sabe, nueve meses quizás, para salir a término, para rearmar un cuerpo en desgaste, para disponer una armonía que devuelva la mágica sensación de saberse humano en desarrollo. Desempolvar, desincrustar, aceitar.
Viene a La Burbuja a echar esas raíces aladas de las que hablaba el poeta. Asombrado de todo, se refugia aquí, a temperatura y presión de sauna para exfoliar los desganos de la compra, las sospechas de la prisa, los asuntos del misterio y los Tetris® del futuro. Deseando estar, deseando ser. Sin volver sobre paso perdido alguno, sin llevarse por las promesas de los paraísos ganados. La circunstancia, la actitud y lo de siempre.
Hic et nunc: una mañana clara lo más que puede ser. Otro abismo con paracaídas, otro salto con ojos entreabiertos desde el trampolín de la ilusión presentida. Con el perdón de Roque Dalton, el coraje es la mitad de la otra vida; La Burbuja, su estado transitorio.
La Burbuja, a 30 de noviembre de 2009.
Qué diferencia entre las ganas y la burbuja!!! en el primero parecía que las palabras eran pocas para todo lo que necesitabas decir; aquí parece que no podías ni querías teclear un caracter más de lo justo imprescindible…
Siempre tú